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Dr.
Baltasar
Brum |
Aníbal
Alvez |
Don
Eladio
Dieste |
Ing.
Eladio
Dieste |
Edgardo
Ribeiro |
Alceu
Ribeiro |
E._Salvador
Porta |
María
Orticochea |
Amaro
F.Ramos |
Miguel
Lecueder |
Eladio Dieste
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"He procurado ser coherente con las exigencias de mi trabajo. Hacerlo
bien. Ello me ha llevado a un camino de descubrimiento, primero
de mí mismo. Ese camino usa la forma y ésta debe estar imbricada
en las leyes que rigen la materia en equilibrio" |
| Eladio F. Dieste |
INGENIERO
ELADIO DIESTE SAINT MARTINNació
el 1º de diciembre de 1917 en Artigas. Como proyectista de Puentes y
Estructuras trabajó en el Ministerio de Obras Públicas y en la Comisión
de la Represa del Rincón del Bonete (RIONE). Según lo ha señalado el
arquitecto Mariano Arana en la colección Sumarios, volumen Vlll, año 4
Nº 45, julio de 1980, Buenos Aires, "sus experimentaciones
iniciales en bóvedas de ladrillo se remontan al año 1945, a raíz de su
ocasional colaboración con Antonio Bonet, y desde entonces su indagación
en torno al uso de la cerámica armada no ha cesado. En
el correr de estos últimos treinta anos ha llegado no sólo a imponerlo
como material conceptualmente nuevo, sino también
a ensayar su muy variada gama de posibilidades constructivas y
estructurales. Vigas muro de ladrillo armado, superficies alambradas,
cáscaras auto portantes de simple y doble curvatura salvando luces de
considerable extensión con secciones transversales de sorprendente
esbeltez, y sencillez de procedimientos constructivos, constituyeron
recursos en los que Dieste fue adquiriendo una seguridad creciente
(...)" "Convencido de que no bastaba la tenacidad del
investigador de laboratorio para analizar la potencialidad de sus audaces
concepciones, se aventuró como constructor a llevarlas a la práctica,
demostrando su validez teórica, su economía y su positiva
eficacia." La
importancia de su obra ha concitado el interés internacional,
distinguiéndose como creador de relevancia en América Latina en el campo
de su especialidad. Entre sus obras principales cabe señalar las
siguientes: Depósito del diario "El País" (1956); Iglesia
parroquial de Atlántida (1958); Planta de montaje de la empresa TEM
(1960); Iglesia de San Pedro, en Durazno (1967-71); Gimnasio
Hebraica-Macabi (1968); CALNU (1968-69), con bóvedas construidas hasta 23
metros de alto, pilares y molde de la misma altura; Parador Ayuí (1976),
de 21 metros de altura y cúpula cónica auto comprimida por sus volados;
Depósito del Puerto de Montevideo (1978), Planta Industrial de
"Refrescos del Norte S.A." (Salto), 1978-79; Silos horizontales
de sección parabólica en Young y Vergara; Silos para Saman, Cooperativa
de Young, Terminal de Ómnibus de Salto, Planta de industrialización de
frutas de la empresa Masaro, próxima a Joanicó y las obras realizadas en
Brasil (Mercado de abastecimiento en Porto Alegre, Brasil 1969) y el de
Maceió, en las cercanías de Recife (1971). Es asimismo socio de ICLA
Ltda., coproyectista de obras de Salto Grande. Algunas de sus obras han
sido realizadas en colaboración con el ingeniero Montañez. Eladio Dieste
Saint Martín se graduó en 1943 con el título de ingeniero en la
Facultad de Ingeniería de Montevideo, en la que luego ejerció la
docencia, desde ese mismo año y hasta 1973 – año en que fue
intervenida la Universidad – como profesor de "puentes y grandes
estructuras" y director del Taller de Ingeniería Civil (seminario de
Proyectos de Investigación). Ha dictado conferencias en Argentina en
varias facultades de Ingeniería y Arquitectura (en Córdoba, Buenos
Aires, La Plata, Tucumán y en el Bouwcentrum de Buenos Aires) y fue
enviado por la UNESCO a distintos países de América.
Es
autor de diversas publicaciones, entre ellas una completa reseña sobre
sus trabajos, titulada " La cerámica armada", editada por
"formas para la construcción", Nº 5, octubre de 1982,
Buenos Aires. Su personalidad ha merecido una obra de Juan Pablo Bonts,
publicada en la colección "Arquitectos Americanos
Contemporáneos", de la Universidad de Buenos Aires. Fuente:
ARTIGAS, DE LOS ABORIGENES CAZADORES AL TIEMPO PRESENTE por Aníbal
Barrios Pintos
Editado por: Ministerio de
Educación y Cultura
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| EL
CATÁLOGO de la exposición del uruguayo Eladio Dieste tiene
dos tomos: si el primero documenta los edificios, el segundo se dedica
íntegramente a los métodos de cálculo. Este gran arquitecto es
ingeniero, y su obra muestra con elocuencia el esplendor de las formas
generadas por la lógica estructural, haciendo buena la convicción
clásica y arcaica de que la belleza habita en la verdad. Este
constructor menudo, dulce y sabio ha levantado en Uruguay, Argentina y
Brasil un conjunto de hangares, de almacenes y de iglesias que constituyen
uno de los episodios más afortunados y emocionantes de la arquitectura
contemporánea de América Latina. Producidas por la reunión de la
sensibilidad y el cálculo, las cáscaras cerámicas de Dieste cubren
fábricas, mercados o templos con superficies ondulantes, luminosas y
cálidas que salvan distancias improbables: la reunión del ladrillo y el
acero en la cerámica armada engendra una familia insólita y seductora de
formas surreales y sensatas. A
Dieste le gustaba citar a su profesor de Análisis Matemático en la
Universidad de Montevideo: "el teórico que fracasa en la realidad es
porque no es suficientemente teórico". En su caso, el éxito
técnico, económico y estético de sus bóvedas de doble curvatura y sus
láminas plegadas tiene sin duda un fundamento teórico; pero un
fundamento que, lejos de ser exclusivamente matemático o estructural, se
sitúa más bien en el terreno general de las convicciones intelectuales y
morales. La elegancia delgada de sus cubiertas interminables, la opulencia
escultórica de sus muros reglados y la luz rítmica de sus interiores
sagrados o industriales no proviene sólo del cálculo ingenieril;
apoyándose en él, se apoya aún más en la certeza de que proyecto y
construcción son inseparables, en el convencimiento de que materiales y
formas se eligen en función de procesos y destrezas, y en la fidelidad
tenaz a una ética de lo necesario que rechaza lo superfluo con
indignación técnica y estética.
Dieste muestro con su obra
que no hay nada más práctico que una buena teoría; pero una teoría que
en su caso es casi un credo. Maestro
constructor
De
las ondas de anémona de la iglesia de Atlántida – su primera obra
arquitectónica, terminada en 1960 – a los muros grávidos como odres
del centro comercial de Montevideo, finalizado en 1985, hay un cuarto de
siglo de experiencias en paredes de superficies regladas y láminas
plegadas, que incluye todos sus edificios religiosos. Entre las cejas
esbeltas y aéreas de la fábrica TEM de 1962 y la cubierta de 50 metros
de luz construida en 1979 sobre un almacén del puerto de Montevideo se
encuentra la mayoría de sus bóvedas de doble curvatura, categoría donde
se inscribe la vasta superficie de cáscaras del mercado de Porto Alegre y
el inmenso volumen catedralicio del silo horizontal de Young en Río
Negro. Y del modesto local para la venta de automóviles de 1964 al
exquisito pabellón de deportes del Club Remeros de 1980 se extienden sus
bóvedas autoportantes, una colección de marquesinas de cerámica armada
a la que pertenecen las livianas terminales de autobuses de Salto y los
colosales hangares del metro de Río de Janeiro. En
conjunto, más de un millón de metros cuadrados cubiertos con sobria
economía y expresiva elegancia por un maestro constructor que es también
un maestro de vida. La suya propia, que se inició en 1917 en Artigas,
Uruguay, y que tuvo la fortuna de contar con una etapa de sólida
formación politécnica y humanística en Montevideo, ha tenido relación
con España en diferentes momentos de su transcurso. A
través de su amistad con Joaquín Torres García, el pintor uruguayo de
padres catalanes que repartiría su biografía entre ambos lados del
Atlántico, en un primer periodo; por medio después de su colaboración
con Antonio Bonet, el arquitecto barcelonés que se exilió en Argentina y
Uruguay, y que le indujo a trasladar su experiencia de las cáscaras de
hormigón a la cerámica, según el modelo tradicional de la bóveda
catalana; y como permanente consecuencia de sus orígenes gallegos, que el
trato con su pariente el poeta Rafael Dieste, exiliado en Buenos Aires, y
los frecuentes viajes a su casa familiar en Rianxo no harían sino
acentuar. Estos
intensos vínculos con España, alimentados en los últimos años por
numerosos cursos y conferencias en diferentes ciudades de la Península,
cristalizaron inesperadamente en el encargo insólito de construir tres
facsímiles de sus iglesias en la madrileña diócesis de Alcalá. Así,
en Mejorada del Campo se levanta ya una réplica, algo reducida de escala,
de la iglesia de San Pedro, que Dieste realizó en Durazno hace 25 años;
en Alcalá de Henares está en construcción una segunda versión de la
iglesia de Malvín en Montevideo; y en Torrejón de Ardoz se iniciará
pronto la reproducción de la iglesia de Atlántida, su proyecto primero,
el más difundido, y acaso también el más inspirado de cuantos
construyese este ingeniero gallego y uruguayo, cuya obra ejemplar no
merece el desconocimiento que hace de ella un continente sumergido. La
belleza habita en la verdad y bajo el agua.
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Una
técnica lírica: Las delgadas cáscaras de Eladio Dieste no
sólo consiguen salvar grandes luces con espesores inverosímiles, sino
que poseen un refinamiento espacial, cromático y rítmico que atestiguan
la sensibilidad artística de este calculista y constructor: la proeza
técnica del ingeniero es también el logro plástico del
arquitecto.
El catálogo que acompaña a
la exposición divide sus proyectos en tres categorías: paredes regladas,
bóvedas gausas y bóvedas autoportantes. Pues bien, en sus muros
ondulantes de superficies regladas, como los del centro comercial de
Montevideo, la destreza constructiva se acompaña de una expresividad
escultórica que es a la vez primitiva y manierista; en sus formidables
bóvedas de doble curvatura,
como las que delimitan la inmensa nave del silo horizontal de Young, la
audacia estructural es comparable sólo a la sutileza arquitectónica; y
en sus marquesinas en voladizo, como las de los hangares del metro de Río
de Janeiro, la racionalidad funcional y económica es inseparable del
placer visual de la repetición y del ritmo.
Fuente: AV
Monografías - Anuario Yearbook, España 1998 |
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