| El Debate Parlamentario sobre
la Creación del Departamento de Artigas
El problema de la
situación de ruina de San Eugenio fue tratado por la Cámara de
Representantes con motivo de la propuesta del Poder Ejecutivo de mayo 26
de 1884, elevada por el presidente Máximo Santos y su ministro Carlos de
Castro, de subdividir los departamentos de Salto y Tacuarembó.
El Poder Ejecutivo
fundamentaba así su proyecto, entre otras consideraciones.
“Políticamente, porque
hay la imperiosa exigencia de hacer sentir de una manera latente y directa
la acción soberana de las instituciones patrias, ya por medio de la
influencia de las autoridades constituidas, como por la instrucción
difundida con toda latitud e inteligente dirección.
Socialmente porque es obra
patriótica traer al seno de la familia oriental, sinnúmero de
ciudadanos: que por indistintas causas, no políticas, están alejados de
ella. Esto se obtendrá con una liberal administración gubernativa y se
llegarán a destruir sus gérmenes regresivos, con la instrucción que
reciba la niñez, bajo el sentimiento del deber cívico y el amor a su
nacionalidad. Económicamente,
porque se levantarían de la postración dos importantes centros poblados,
que irradiarían los destellos de sus adelantos sobre las demás partes
del territorio, valorizándose la propiedad urbana y rural,
desenvolviéndose la actividad comercial e industrial y por consecuencia,
produciéndose el aumento de las rentas públicas”.
Y prosiguiendo con sus
consideraciones y fundamentos decía el Poder Ejecutivo: “Otro principio
de buena administración viene también en apoyo de la medida, y él es,
la pronta e inmediata acción que pueda ejercer el Gobierno para la
conservación del orden, de la paz y de la integridad territorial”.
El proyecto pasó a la
Comisión de Constitución y Legislación de la Cámara de Representantes
y ésta se expidió el 26 de junio de 1884 expresando que era de
particular conveniencia, dado que “ la permanencia de autoridades de
cierta jerarquía, evitaría conflictos internacionales, aumentaría la
percepción de nuestras rentas, mejorando la Administración en todos sus
ramos, allá en aquellas apartadas regiones en que no siempre la voz del
Ejecutivo es oída con prontitud y eficacia. Las invasiones alentadas
siempre en los países vecinos, serían descubiertas oportunamente
teniendo su asiento las autoridades principales en línea divisoria”.
Días antes, el 15 de junio,
más de 360 vecinos y miembros del comercio de Santa Rosa y también
hacendados y agricultores de la zona, en uso del derecho de petición que
la Constitución del Estado les acordaba, solicitaron a la Honorable
Cámara de Representantes de la República Oriental del Uruguay que, como
la anunciada segregación iba a influir poderosamente en el porvenir de
Santa Rosa, se declarase capital del departamento a crearse.
“Dotada de magnífica
posición topográfica – decían los vecinos santa- rosenses y de su
campana – en contacto íntimo con el Imperio vecino, con un comercio
floreciente, en comunicación directa con el Alto Uruguay y el de toda
esta República y la Argentina, contando con una línea férrea cuya
reconocida importancia aumentará en breve el empalme con el ferrocarril
del Brasil, ligada a todo el mundo por un hilo telegráfico, rica en
productos agrícolas, está destinada a prestar al país valiosísimos e
inapreciables servicios”.
Manifestaban seguidamente
que “si la fatalidad lo condenara a servir de tributario de algún
pueblo en embrión (con clara alusión a San Eugenio), no seria menester
esforzarse mucho ni entrar en grandes consideraciones para demostrar
cuántos y cuán graves daños se le ocasionarían y con cuanta facilidad
se anularían tantos elementos de progreso, para dar paso a la decadencia
y a la ruina”.
Estimaban los vecinos que la
sección tendría unos cinco millares de habitantes.
Tratado el tema en
discusión general en la Cámara de Representantes el 11 de julio de 1884,
vale la pena, para mejor comprender las distintas posiciones esgrimidas,
transcribir largamente algunas de las declaraciones de distintos
legisladores que se refirieron al mismo. En gran parte éstos fragmentos
ya fueron transcriptos por el investigador artiguense Luis Augusto
Rodríguez Díaz en el fascículo Nº 3 de su obra mimeografiada “Bases
históricas del departamento de Artigas”, Montevideo, 1975.
Aún reconociendo que
la posición predominante en la época era la de subdividir territorios y
que existía en cada representante una profunda convicción para votar a
favor de la segregación, manifestó en dicha sesión el diputado
Bustamante su oposición al proyecto, por distintos motivos.
Uno de ellos era que “se
necesita en primer lugar (...) la población suficiente para que los
Departamentos puedan tener existencia propia, contando con sus recursos,
sin tener que apelar a las contribuciones extraordinarias; es necesario,
para que la subdivisión territorial sea profícua, que la agricultura
adquiera un desarrollo mayor del que tiene, porque no son las regiones
ganaderas aquellas que pueden prestarse con más provecho a esa
subdivisión, porque para que ella pueda producir los resultados
benéficos que debe producir, se necesita que haya un número importante
de población la cual puede solamente adquirirse con la agricultura”.
Otro de los motivos era que
el departamento de Salto, – que había sido el iniciador de la
navegación a vapor en la República y que poseía una empresa de
ferrocarril por sus propios esfuerzos y con la ayuda de los gobiernos
liberales – se veía perjudicado, pues quedaría encerrado dentro de
limites estrechos, sin fronteras con el Brasil y sin puerto.
La hasta entonces presunta
capital del futuro departamento apenas contaba con 250 almas. El motivo de
su decadencia, igual que el del pueblo de Rivera había sido, en su
opinión, la desacertada medida que se había tomado con referencia a las
leyes aduaneras, que habían dado vida a esas poblaciones y que por
influencia de personas que negociaban con el comercio del Imperio del
Brasil, se llegó a obtener la supresión de aquellas que se habían
adoptado para fomentarlas.
En la misma sesión el
diputado Mayol señaló que la mayor parte de los departamentos contenían
un área de 400, 450 a 500 leguas y los de Salto y Tacuarembó unas 1.000
leguas, por lo que con la subdivisión proyectada vendrían a quedar en la
misma proporción superficial que los demás. Informó además, que al
sancionarse el proyecto de ley se pondría en marcha la construcción de
un ramal de la vía ferroviaria que debía partir de Isla Cabellos en
dirección a San Eugenio.
El tema prosiguió en
discusión particular en la sesión extraordinaria de setiembre 5 de 1884,
aprobándose la moción del legislador Félix Martínez de suprimir la
palabra General, dejando solamente los nombres de Artigas y Rivera en el
proyecto de creación de los nuevos departamentos posición sustentada por
la Comisión de Constitución y Legislación de la Cámara de no mencionar
la jerarquía militar que en la vida tuvieron, sino designarlos con sus
nombres propios.
En defensa del proyecto del
Poder Ejecutivo, el diputado Garzón, expresó que había que velar por el
pueblo “más desgraciado”, es decir San Eugenio, porque el pueblo del
Salto tenía su vida propia, el de Santa Rosa le seguía “en ese camino
ascendente de riqueza y prosperidad” y el pueblo de San Eugenio, al
contrario, descendía desgraciadamente. Y agregó: un punto que se puede
comparar por el momento con el desierto; y es allí, en nuestras zonas
despobladas, donde debemos llevar el empuje de nuestro patriotismo, para
establecer colonias, para llevar a nuestros compatriotas a esa región,
para fundar escuelas, para levantar el comercio, para hacer que se
prestigien aquellos pueblos mucho más cuando en frente de ellos se
levantan otros que pertenecen al extranjero ...”
El diputado por Montevideo,
Bustamante, que dijo tener un proyecto por el cual el departamento de
Salto podía dividirse en tres, proyecto que no presentaba, vista la
posición de los demás representantes, expuso seguidamente las razones
por las cuales el pueblo de Santa Rosa merecía ser considerado como
futura capital del departamento a crearse y asiento tanto de los delegados
del Poder Ejecutivo como de la Administración de Justicia y de la Junta
Económico Administrativa.
“Para hacer a San Eugenio
capital, señores – dijo Bustamante seguidamente – vamos a necesitar
ingentes sumas, aparte de los gastos que se han hecho (y esto no seria
nada sí fuesen reproductivos)”. Podía pues dejar a Santa Rosa como
capital departamental por tratarse de “un pueblo hecho, con elementos de
vida propia, con rentas propias”.
Su propuesta de modificar el
artículo 2º del proyecto de ley, sustituyendo el nombre de la capital,
San Eugenio, por el de pueblo de Santa Rosa, sólo fue apoyada por el
representante Félix Martínez, por considerar éste que se hallaba en un
punto verdaderamente estratégico: la confluencia del Cuareim sobre el
río Uruguay, lindero por un lado, al Este, con el Imperio del Brasil y
por el Oeste, con la República Argentina.
Por su parte, el diputado
Honoré, fundando su posición favorable proyecto remitido por el Poder
Ejecutivo, expresó: “Es sabido que la ciudad de Salto, cabeza del
Departamento de Salto se encuentra sumamente apartada de las extremidades
del Este de dicho Departamento. Conviene, pues dar a esa población lejana
un centro administrativo al alcance de sus habitantes. Y todo eso se
consigue tratando de transformar la actual aldea de San Eugenio del
Cuareim en cabeza de un Departamento floreciente.
Otra ventaja de esta
innovación, es crear, a una distancia notable del pueblo de Santa Rosa,
un nuevo centro de población sobre nuestra frontera”.
Prosiguiendo el
legislado: citado, dijo que colocar pueblos en ella respondía no sólo a
una necesidad administrativa sino también al mejor servicio de las
Aduanas y ó la mejor defensa de nuestro territorio. Y al respecto
agregó: “No es necesario, creo, insistir en esta urgencia de colocar
sobre nuestra frontera centros de población nacional y traer allí
centros donde se hable el castellano, donde se desarrolle nuestro idioma
nacional, donde se enseñe, y donde existan núcleos nacionales capaces de
atraer a sí nuevos elementos nacionales de vigor y de riqueza para esa
apartada y abandonada región”.
Trazando un paralelo con San
Eugenio, dijo seguidamente el legislador Bustamante que Santa Rosa se
había encontrado en paridad de circunstancia a la de aquél pueblo;
había decaído hasta encontrarse en ruinas, pero se había levantado por
sus propios esfuerzos. Y dirigiéndose a los demás legisladores
presentes, seguidamente preguntó: “¿y los pueblos que así obran, los
pueblos que se levantan a impulsos de sus ideas de progreso que les
dominan, no tienen derecho a ser considerados y a que cuando llega el caso
no se les haga tributarios de otros que están en peor condición? que, en
el caso que se trataba, según su expresión, estaba convertido” en un
montón de taperas.
Al estar suficientemente
debatido el punto, la modificación propuesta por el diputado Bustamante,
de que en lugar de San Eugenio fuera Santa Rosa la cabeza del departamento
a crearse, sólo logró que fuera apoyada por el diputado Félix
Martínez.
Llegado el proyecto de ley a
la Cámara de Senadores, fue designada una Comisión especial para su
estudio integrada por los legisladores Pedro E. Bauzá y Blas Vidal. El 19
de setiembre de 1884 expidió su informe favorable, que fue aprobado por
unanimidad por el Senado. El
1º de octubre de 1884 el Poder Ejecutivo promulgó la ley Nº 1757 que
decía: “El
Senado y Cámara de Representantes, de la República Oriental del Uruguay,
reunidos en Asamblea General", decretan:
Articulo 1º – El
territorio que actualmente constituye el Salto será dividido en dos
departamentos, con las denominaciones de Salto y Artigas.
2º – El departamento de
Artigas tendrá por capital el pueblo de San Eugenio y como límites el
Arroyo Yacuy, desde su barra del Arroyo de los Pavos hasta Arapey Chico,
barra del Cebollatí, por Arapey Chico, aguas arriba hasta la punta de la
Cuchilla Belén, siguiendo por ésta hasta la frontera del Departamento de
Tacuarembó o sea Cuchilla Negra.
3º – El departamento del
Salto quedará reducido en esa forma y continuará teniendo por capital la
ciudad del mismo nombre.
4º – El territorio que
actualmente constituye Tacuarembó será dividido en dos departamentos con
las denominaciones de Tacuarembó y Rivera.
5º – El departamento de
Rivera, cuya capital será el pueblo del mismo nombre, tendrá por limites
el arroyo Laureles, hasta su barra en Tacuarembó Grande, bajando por
éste hasta el camino real, que sale de San Fructuoso y por éste hasta el
paso y Laguna de Mazangano.
6º – El departamento de
Tacuarembó quedará reducido en esa forma y continuará teniendo por
capital la villa de San Fructuoso.
7º – Establécese un
impuesto adicional de uno por ciento de Contribución Directa sobre lo que
corresponde a los departamentos de Artigas y Rivera, con destino a atender
los gastos de erección de los mismos.
8º – Mientras el número
de RR. con que ha de concurrir cada Departamento a la Legislatura, no se
ajuste al censo de la población, los departamentos de Artigas y Rivera,
elegirán cada uno dos Representantes.
9º – Comuníquese, etc.
Sala de Sesiones de la Cámara de Senadores, en Montevideo a 29 de
Setiembre de 1884. Miguel
González Rodríguez
Presidente Francisco
Aguilar y Leal
Secretario Montevideo,
Octubre 1º de 1884
Cúmplase, acúsese recibo,
comuníquese a quienes corresponde, publíquese y dese al L. C.
Santos Carlos de Castro” Como
lo señalara Orestes Araújo en su “Diccionario Geográfico del Uruguay”,
Mont. 1900, por inadvertencia o error de copia, el texto de la ley fijó
como uno de los límites del departamento de Artigas la barra del
Cebollatí en el río Arapey Chico, debiendo decir la barra del arroyo
Ceballos. Como es notorio, el río Cebollatí nace en el actual
departamento de Lavalleja y sirve de límite a los departamentos de Rocha
y Treinta y Tres.
Fuente: ARTIGAS, DE
LOS ABORIGENES CAZADORES AL TIEMPO PRESENTE por Aníbal Barrios Pintos
Editado por: Ministerio de
Educación y Cultura |