| La Batalla del
Catalán
El 1º de enero de 1817
el marqués de Alegrete pasó el Cuareim por el paso Lajeado, teniendo
casi a su retaguardia a Latorre y luego avanzó dos leguas para ocupar una
posición favorable a orillas del Catalán.
A marchas forzadas las
fuerzas de Abreu se dirigieron hacia el Catalán, donde se encontraba el
ejército portugués, al que se incorporaron al comenzar la noche de ese
mismo día.
Al amanecer del día 3
atacaron al cuartel general de Artigas, dispersando su tropa.
Al amanecer del día 4 se
presentó Latorre frente al campo lusitano, apoyado sus flancos con
artillería y caballería. Un número elevado de lanceros charrúas,
minuanes y guaycurúes figuraban en sus filas.
El escenario de esta
batalla, distinguido hoy con dos estelas de grani-to, se encuentra a 56
km. de la ciudad de Artigas (51 km. por Ruta 30 y 5 por camino vecinal que
sale a la izquierda).
Las fuerzas artiguistas
comenzaron a formarse a la izquierda del cam-po lusitano. La
documentación portuguesa detalla pormenorizadamente la formación de la
línea de su ejército. Una parte de la caballería del ala izquierda
formó a pie, apoyando un flanco en el Catalán y extendiéndose hacia la
derecha hasta un punto de la izquierda del campamento portugués en el que
se hallaba una batería de 3 piezas calibre 6. El ala izquierda fue,
confiada al brigadier Juan de Dios Mena Barreto. A su derecha fue
coloca-da otra batería de dos piezas calibre 3. Desde ese lugar se
extendía el ala derecha, compuesta de dos batallones de infantería de la
Legión de San Pablo y del regimiento de Dragones, cuya línea se
extendía paralela al frente del campamento. Entre ambas baterías fue
colocada otra un poco más a retaguardia, de cuatro obuses. Dos
destacamentos de infantería, protegidos por caballería, se hallaban en
posesión de los puntos en que el Cuareim era vadeable por la retaguardia
del campamento. El cuerpo comandado por el teniente coronel Abreu, situado
a menos de 4 km. a la derecha del campo, se encontraba en marcha para
unirse al grueso del ejército.
Las fuerzas artiguistas,
cubiertos sus movimientos por gran numero de lanceros, iniciaron la lucha
embistiendo con éstos el ala derecha portuguesa. Al mismo tiempo
comenzaron a hacer fuego de artillería sobre la línea y campo
adversario, siendo secundadas estas descargas por un vivo fuego de
fusileria practicado por la infantería.
Las tropas portuguesas del
centro de la línea, hacia la izquierda sufrieron el fuego de los
artiguistas y el ala derecha se vio amenazada por un grupo numeroso de
caballería e infantería, sobre la margen izquierda del Catalán, que
procuraba atacar el campamento por la retaguardia. El ataque de los
lanceros al ala izquierda fue rechazado y volvieron de nuevo a acometer
valientemente el ala derecha del ejército portugués.
Fuerzas de caballería
artiguista envolvieron el ala derecha portuguesa y se mantuvo indecisa la
acción por algún tiempo. Con vigorosos ataques el coronel Latorre
se esforzaba por romper la línea portuguesa del centro hacia la izquierda
y el general Curado, con el ala izquierda y las demás tropas que formaban
aquella parte de la línea sostenían su posición.
Al entrar en acción las
fuerzas del teniente coronel Abreu, al frente de la caballería, que
atacaron de flanco, impetuosamente, el ala izquierda artiguista,
decidieron la victoria al ponerla en fuga. Aprovechando esta
ventaja, el marqués de Alegrete mandó inmediatamente que su infantería
atacase a la artiguista, ya desamparada por su caballería de la
izquierda, siendo aquella desalojada de la posición ventajosa de una
barranca en la que se apoyaba y puesta en derrota. Entretanto el
general Curado y el brigadier Mena Barreto dirigían con éxito los
ataques contra el centro y la derecha artiguista, que fueron también
derrotadas.
Un trozo de infantería, que
ocupaba Posición sobre la margen izquierda del Catalán y había
intentado atacar el campamento por la retaguardia, se refugió en un
bosque y ofreció allí una vigorosa resistencia, pero sucumbió ante el
ataque portugués. Luego de haber perdido la mayor parte de sus
piezas se rindieron más de 200 prisioneros. "Fue preciso todo
el esfuerzo de los oficiales de infantería que allí se hallaban para
salvar a los prisio-neros de la venganza de los soldados
portugueses", dice en su Memoria el capitán Diego Arouche de Moraes
Lara. Según
el parte portugués, el ejército artiguista tuvo 900 muertos, más que
los que hubo en Ayacucho, "libertadora de un continente",
inclusive 20 oficiales y 290 prisioneros, de los cuales 7 eran también
oficiales y le fueron tomados 2 cañones, 1 bandera, 7 cajas de guerra e
instrumentos de música marcial, 6.000 caballos, 600 vacunos, muchos
fusiles, lanzas, espadas, monturas, bagajes y municiones. Según la
misma fuente documental el ejército portugués tuvo en la batalla del
Catalán 78 muertos, incluso 5 oficiales, y 146 heridos. Las tropas
portuguesas que intervinieron en la acción fueron estimadas en unas 2.400
y las artiguistas, en 3.400. Aquellas dispusieron de 11 cañones.
Entre los principales jefes
portugueses que participaron en esta batalla, la más sangrienta de la
campaña de 1816, se hallaron el general en jefe marqués de Alegrete,
mariscal de campo, gobernador y capitán general de la capitanía de San
Pedro; el teniente general y segundo comandante Joaquín Javier Curado;
los brigadieres Joaquín de Oliveira Alvarez, de la legión de San Pablo y
Juan de Dios Mena Barreto, del Regimiento de Río Pardo; el sargento mayor
Sebastián Barreto Pereira Pinto, del Regimiento de Dragones; los
tenientes coroneles José de Abreu, de las escuadras de Entre Ríos, que
morirá en la acción de Ituzaingó, en 1827 e Ignacio José Vicente de
Fonseca, de la Artillería y el coronel graduado Bento Correa de Cámara,
del Regimiento de Porto Alegre, que resultó herido. El sargento
mayor Antonio José de Rosario, fue muerto en la acción.
El campamento del Catalán
fue levantado el día 6 de enero de 1817, quedando establecido en la
margen izquierda del Cuareim, junto al paso Lajeado, hasta finalizar
enero, mientras el marqués de Alegrete regresaba a la capital de su
capitanía.
En vista de haberse
concluido la campaña de 1816, el general Curado quedó encargado del
comando del ejército y resolvió a principios de febrero tomar posición
en la margen derecha del Cuareim y acampar media legua arriba del citado
paso, donde estableció los cuarteles de invierno, cubriendo toda la
frontera con sus puestos avanzados. Los
guarismos portugueses correspondientes a las diversas acciones de ese año
de 1816 han sido impugnados por historiadores uruguayos. Según las
estadísticas lusitanas murieron en ellas 3.190 artiguistas y 350 quedaron
prisioneros, tomándoselas además 15.000 caballos, armas y municiones,
entre ellas 5 cañones y 1.600 fusiles y carabinas, además lanzas,
espadas, pistolas y cajas de guerra. Las cifras relacionadas con la
superioridad de las fuerzas que se hallan siempre del lado de Artigas
consideradas desproporcionadas, para tratar 'de halagar el sentimiento
local riograndense' de la época."
Se impugna asimismo la
cantidad de muertos en filas artiguistas - unos 1.000 en la campaña de
las Misiones Orientales y 2 en las filas portuguesas; 280 muertos en
lbirocay y 2 portugueses; en la batalla de Carumbé murieron 600
orientales y 26 portugueses; en Catalán, como ya artiguistas y 78
portugueses. Descontados los 290 prisioneros de batalla, "queda
reducido el saldo de todas las demás acciones de guerra cabezas escapadas
a la cuchilla portuguesa", según aduce el historiador Eduardo
Acevedo.
Varios autores -Deodoro de
Pascual, Carlos Calvo, De la Sota- coinciden en establecer que el
ejército invasor portugués constaba de trece a dieciséis mil
hombres. Este último agrega que en junio de 1816 Artigas disponía
de sólo ocho mil hombres para iniciar la campaña.
No sólo este desequilibrio
de las fuerzas armadas fue la causa de los desastres artiguistas, sino
también la carencia de armamentos y la lo disciplina, por estar integrado
el ejército por numerosos indios guaraníes, charrúas, minuanes y
guaycurúes- dada la escasa población de la Provincia Oriental.
También en ocasiones, según un actor de algunos sucesos, Ramón de
Cáceres, otra de las razones fue la ineptitud de a jefes que comandaban
fuerzas.
La división de Operaciones
de - la Derecha del ejército portugués se mantuvo el año 1817 y en los
primeros meses de 1818 sobre la derecha del Cuareim, en misión de
resguardo de la frontera.
En el Sur, el ejército de
Lecor ocupaba la plaza de Montevideo el interior de la Provincia se
hallaba en poder de Artigas; incluso partidas patriotas establecían un
verdadero sitio de la ciudad portuaria.
En febrero de 1818 la
columna del teniente general Joaquín Javier Curado se internó en nuestro
territorio, desde su campamento del río Cuareim.
El 21 de ese mismo mes fue
apresado en tierras salteñas, en Puntas de Valentín, el jefe de la
Vanguardia del ejército artiguista Juan Antonio Lavalleja y cinco días
después fue derrotada su división, que había quedado en las puntas de
Guaviyú.
El jefe de los Orientales
abandonó entonces la villa de la Purificación con el resto de sus
tropas, trasladó las familias que vivían en ella al arroyo de la China y
dejó libre la costa oriental del río Uruguay para proseguir la guerra de
recursos contra el invasor.
El 22 de enero de 1820, en
la horqueta del Tacuarembó Grande las actuales tierras riverenses, será
sorprendido el ejército oriental y en esa hecatombe se apagará la
antorcha artiguista en nuestro territorio. En
este incidente, en un encuentro inesperado con parte de la caballería
portuguesa, sobre un paso del río, Artigas casi fue hecho
prisionero, escapándose por una senda oculta, según lo manifiesta en sus
Memorias Diego Arouche de Moraes Lara, salvado por una escolta de
charrúas.
Fuente: ARTIGAS, DE
LOS ABORIGENES CAZADORES AL TIEMPO PRESENTE por Aníbal Barrios Pintos
Editado por: Ministerio de
Educación y Cultura
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