Artiguense nacido en Bella Unión el 27 de noviembre de 1951.-
Realiza sus estudios
primarios en la escuela Nº 3 y los estudios secundarios en el Liceo de
Bella Unión. Siente allí su primera atracción por la poesía y la
prosa motivado por Eliseo Salvador Porta el gran escritor nacional, del
cual fue alumno.
En
1970 se traslada a la ciudad capital para estudiar, graduándose como
Maestro de Educación Primaria el 18 de diciembre de 1973.
Entre sus publicaciones más
importantes encontramos:1970
Poesías.
1980 Sol, agua ,
azúcar.
1984 Versos chiquitos.
1992 De moño y
delantal.
1993 Ventana al sur.
1994 Resolana.
Sus cuentos y sus poesías son publicadas además en prestigiosas revistas
uruguayas como “El quehacer educativo”, “Moñita Azul” y la
revista AULI que recorre los países de habla hispana.
En el año 1980 obtiene con
la poesía “Desde el sitio hasta la Patria” el primer premio en el
Festival Nacional del Canto en Cerro Largo.
En 1982 su poesía “Elegía
a mi pueblo” obtiene el segundo premio en el Festival del Canto
organizado por la IMA.
En 1995 participa junto a
otros 813 poetas latinoamericanos del Tercer Concurso de Cuento y Poesía
organizado en Buenos Aires por el Club de Leones y auspiciado por la
Embajada Uruguaya, obteniendo menciones especiales en los dos géneros
con:
Una leyenda de América.
(narrativa)
Si mi mano pudiera (poesía)
En la actualidad ejerce la
docencia en la Escuela Río Branco de la ciudad de Artigas y es técnico
de ANTEL.
Frecuentemente es invitado a
dictar charlas y motivar a los alumnos de los centros educativos,
habiéndolo hecho en Montevideo, Salto, Bella Unión, en Artigas.
EL
PASO DEL INFIERNO
El Paso del Infierno es un cauce de agua insignificante, sobre el que se
extiende precariamente una calzada de cemento y piedra, cercada a uno y
otro lado por un monte ralo que deja juguetear al sol entre sus ramas y
colgarse a la luna en sus enredaderas esbeltas y frágiles.
Pequeño, perdido entre el desértico paisaje de campos y alambrados supo
a través del tiempo, de la historia y las crónicas populares, ganarse
una triste leyenda.
El
Paso del Infierno...
- Dicen que los viernes
después de las doce de la noche no hay indio que se anime a cruzar por el
paso – comentaba un paisano, mientras acomodaba el mate cerca del fogón
brillante, que permitía ver colgado en la comisura de sus labios un pucho
de chala.
- Parece que el bicho de
blanco se queda quieto en el medio y los caballos se quedan como locos que
no hay rienda que lo aguanten, - acotó el segundo: aflojando el barbijo
del sombrero, viejo ya del uso y el manosea.
- Y si no preguntale al más
viejo de los gurises de don Medina – dicen que se le desbocó el alazán
y casi se mata contra los alambrados.
- Eso fue el año pasado,
casi de madrugada.
- Y no hay bala que le entre
–fue el comentario del otro paisano que completaba la rueda.
El
Paso del Infierno....Historias...
Los
comentarios se fueron sucediendo, uno tras otros, cargados de una
exagerada fantasía, sin asidero racional: pura creencia.
El
Paso del Infierno se volvía oscuro por la noche porque era por
naturaleza, una depresión geográfica.
Eso
hacía más tenebroso el pasaje, y sobre todo los viernes, después de la
media noche.
Algunos no creían en la leyenda de aquel fantasma de blanco, pero la
respetaban.
- Escuché en el boliche,
los otros días, que el tal fantasma es el más chico de los Medina, -
dijo el paisano, llevándose la infusión caliente a la boca. Era
Prudencio Benítez, un baqueano de Tranqueras.
- Son siete... Humm, y
según tengo entendido el más chico debe estar embrujado.
- Y mañana justo, tengo que
ir al pueblo, y es viernes...- concluyó otro.
El
Chueco Medina, el tercero de los hermanos, escuchaba atento aquella
conversación sin participar, total, él había llegado por la mañana a
la estancia y no quería que sus compañeros se enterasen que era hijo del
viejo Medina, y que su hermano, el séptimo, no tenía embrujo ninguno.
Churrasqueó, salió del galpón, miró detenidamente el cielo y luego
hacia el monte.
- El Paso del Infierno –
pensó un instante.
- Pura historia...
Amanecía cuando el más chico de los Medina, el séptimo, ensillaba
cuidadosamente su petiso para rumbear hasta el pueblo. Era un muchachuelo
aún, dieciséis años recién cumplidos, diestro en las tareas de
campo, nacido peón, resignado a una vida tan monótona como el campo
ajeno que habitaba.
- Ah, y no se me entretenga,
hoy viernes...
- Tome, lleve el revólver,
por si acaso, métalo entre los pelegos, y no le tire a las liebres.
Atento a las recomendaciones de su padre salió al camino.
Al
mismo tiempo Prudencio Benítez también salía silbando, al galope y de
sombrero a la nuca, rumbo al pueblo.
- El Paso del Infierno,
hum... son cuentos, bobadas, puras bobadas,- no dejaba de cavilar el Negro
Medina.
- Bicho de blanco: alguna
oveja perdida debe ser,- susurraba por lo bajo.
- Esta noche voy al Paso...
La
noche del campo tiene un encanto especial que la llena de duendes en el
silencio, y que vuelve los ruidos más austeros haciendo sentir al hombre
la inmensidad de ese particular universo.
Arriba, la noche, también era un campo, todo sembrado de estrellas. Una
calma espectral poblaba el ambiente.
La
noche había atrapado a los dos viajeros.
Prudencio Benítez apuraba su pingo, a galope tendido, mientras el gurí
taloneaba su petiso, que avanzaba lentamente como haciéndose cómplice
del tiempo.
A
los dos le asaltaba una misma idea, obra de la vigente historia del Paso.
Había que pasarlo antes de las doce.
El
gurí cada momento tanteaba el cabo del revólver, como para no sentirse
solo, como buscando una seguridad que no la tenía. Instintivamente su
mano se metía entre los pelegos.
Eran casi las diez cuando Prudencio cruzó el Paso ya casi en sombras, y
un suspiro de alivio le brotó de la garganta. Se llevó la botella de
caña a la boca y la llenó con un largo trago.
Llegó a la estancia casi a las once. Desensilló. Entró al galpón. El
fuego aún chisporroteaba. Miró en la penumbra la cama de su compañero
que había llegado el día anterior y no lo encontró.
Despertó entonces al Chueco y averiguó por el ausente.
- Ah, dijo el otro medio
dormido.- Agarró una sábana blanca y salió pal Paso, dijo que te iba a
asustar.
- Dentro de un rato seguro
está de vuelta.- Se dio media vuelta y siguió durmiendo, ajeno,
ausente...
Afuera se escuchaba el ladrido lejano de los perros.
Eran ya más de las doce cuando el gurí enfiló rumbo al Paso, en una
mano las riendas, en la otra el revólver, pronto para disparar, por
si acaso.
Había oído muchas historias sobre el asombro del Paso...Bicho de
blanco, de la mujer sin cabeza, del llanto del niño, del lobizón y otros
tanto.
Transpiraba ahora a medida que avanzaba, los latidos del corazón se
habían acelerado, se agudizaron los sentidos, le temblaba la diestra con
el revólver, iba tenso, asustado.
El
Prudencio Benítez terminó de sacarse las botas y se acostó boca arriba,
echando unas bocanadas de humo. Pensaba.
- Está loco mi compañero:
mire que salir a asustarme...La Pucha.
Al llegar a la cabecera del Paso el gurí taloneó el petiso como
pidiéndole prisa. Un tenue rayo de luz se coló entre las ramas y una
quietud inquietante habíase apoderado del paisaje...
Era
como las dos de la mañana cuando el ladrido de los perros despertaron al
Prudencio. Salió rumbo al portón después de oír el galope, y vio al
caballo del Negro, sin su jinete.
Espumeaba la boca del animal asustado; querían salir sus ojos en destello
de luz, las riendas sin gobierno se entrelazaban en los remos de las patas
delanteras y una masa viscosa, sanguinolenta disparaba desde la cabecera
del recado cruzándole el pecho. Giraba loco en una danza de
contratiempos.
Era
como las dos de la mañana.
Se
volvió rápidamente y alumbró la cama de su compañero, la que aún
permanecía prolijamente tendida.
- El Paso del Infierno.-
puro cuento.
- Seguro que todavía me ha
de estar esperando...
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