En muchos lugares de nuestra ciudad se pueden ver a ciudadanos que están fuera del formalismo laboral, unos juntan botellas, otros cartones, otros cortan pasto, eso es habitual. Lo que nos llamó la atención fue que en uno de los lugares más agrestes de la periferia de Artigas, algunas personas se ganan la vida picando piedras. Rafael Peraca hace años que trabaja en el lugar, y nos cuenta su experiencia.
Todos son desocupados
Dijo que al lugar concurren aquellas personas que están desocupadas y que quieren trabajar, se presentó la oportunidad de venderle piedra a una empresa que se desempeña a pocos kilómetros del centro de la ciudad, como el trabajo es muy duro, son pocos los voluntarios.
Señaló que por no tener ningún tipo de preparación o por la falta de oportunidades tuvo que al igual que sus compañeros dedicarse a esta actividad.
Aseguró que hay muy buen compañerismo, no se puede hacer este tipo de trabajo si no hay solidaridad, se intercambian las herramientas y en el lugar ya hace cinco años que por lo menos una docena de padres de familia se dedican a picar piedras.

Reconoció que muy poca gente llega al lugar a visitarlos, o a conocer su situación, también hizo referencia a la necesidad que cada tanto la intendencia o alguna empresa con retroexcavadora pueda ayudarlos a retirar los restos de piedras que estorban aún más la difícil tarea.
12 horas a la intemperie
No hay horario de trabajo, la jornada comienza a las seis y media de la mañana y culmina a las 20 horas, en el lugar hay un ranchito que sirve de refugio para el almuerzo, el descanso y una corta siesta, aproximadamente trabajan doce o trece horas.
No hay más tecnología que la de la pala y el pico y todos los días llegan nuevos desocupados del sistema formal para engrosar las filas del informalismo con todos los peligros que eso acarrea.

Fuente: Diario La Noticia